La película Carretera
Perdida es una obra que me trasmitió muchas emociones al momento de observarla;
al principio no entendía mucho, tal vez estuve en el papel del personaje
principal, que como yo, en ese momento no comprendía bien lo que pasaba. Este
tipo de cine me llama demasiado la atención, al ser un cine de temática psicológica
lo encamina a uno como espectador por un laberinto de interpretaciones y
emociones que hacen vivir el film de una manera sensitiva.
Fred, el personaje
principal, es un hombre con un mundo, o tal vez varios mundos en su mente; él
vive en un sitio que puede palpar y que es su realidad, a la vez deambula en un
universo dentro de las cavernas de su mente; en ese lugar, Fred hace lo que no
haría como el hombre de su realidad.
La relación con su esposa es
una relación fría, que no le permite vivir momentos como tener relaciones
sexuales por, quizás, los celos que siente al saber su pasado o por los miedos
que carga que no dejan que viva en el presente y tenga en su mente un pasado
constante que transita en círculos.
Para mí, Fred es un hombre
inseguro, que no puede distinguir entre lo real y lo ficticio. Se asemeja a ese
hombre que somos todos en algún momento de la vida; ese hombre que se deja
gobernar por la mente, una mente que lo lleva a vivir sujeto a sus temores. Precisamente,
el hombre de la cara blanca que se le aparece a Fred, era esa conciencia, ese
amo que lo llevaba a vivir esclavo de sí mismo; ese amo que lo manipulaba, ese
amo es como una enfermedad que lo hacía ir de su mundo real a aventurarse en su
espacio mental independiente.
En mi concepto, creo que
todos los sucesos de muertes y encarcelamiento fueron imaginados por Fred, me
baso en el hecho que la película comienza y termina con la misma escena, solo
que los planos y ambientes son distintos. Creo que Fred vivió en su mente toda
la historia, pero sin duda, su viaje mental es la recreación de todos los
deseos más internos que tiene ese hombre por el sufrimiento de vivir una vida
insatisfecha.
Como Fred, algunas veces recordamos
solo lo que queremos; nos negamos a aceptar o dar por ciertas algunas cosas que
no queremos reconocer. Fred es la representación del hombre y su psicología diversa
y enigmática; todos podemos ser Fred, puedo ser yo o el que va sentado al lado mío
en un bus, puede ser el celador de la portería de la universidad donde estudio
o la vecina que siempre es amable. Pero sin duda en todos los lugares donde nos
encontramos podrá haber un Fred en silencio, mirándonos a los ojos sin dar la más
mínima pista para reconocerlo.
Por Jonathan Henao Saldarriaga
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